Ari Aster: El Mesías del Terror Continuando con este viaje...
Leer másRobert Eggers El Príncipe Baldío del Terror Moderno
Para comprender el terror moderno, debemos transitar por el reguero de lágrimas y sangre que dejan en cada cinta de celuloide los siete señores del horror: Robert Eggers, Ari Aster, James Wan, Jordan Peele, Ti West, Scott Derrickson y Osgood Perkins.
Empezaremos por la visión de Robert Eggers.
Origen de Robert Eggers
Eggers, nacido en 1983 en Nueva York, es el máximo exponente del terror clásico en nuestro presente. Sus películas son gobernadas por una atmósfera extremadamente realista, que retrata las diferentes épocas que aborda con precisión quirúrgica. Sus diálogos son breves y sencillos en su mayoría, a menudo sacados de citas reales, canciones profanas o proverbios de otro tiempo.
Porque en el cine de Robert Eggers, el campesino ha de ser un campesino, del mismo modo que uno no puede escapar a su destino. Sus personajes a veces piensan en voz alta, suplican y vociferan empleando el falso Shakespeariano, pero lo cierto es que su final resulta inalterable. Todo se nos anuncia con antelación, pero no podemos negar la sorpresa y el impacto que consigue con su narrativa. Un cine atípico cargado de simbolismos, donde la cámara toma protagonismo, volcando todo su peso en el valor de las imágenes.

Robert Eggers es el heredero directo de ese séptimo arte más clásico. El príncipe de una tierra muerta hace tiempo. Una tierra baldía en la actualidad. Tierra que fue destruida por los efectismos, los giros de guion alocados, el ruido en las imágenes y el conformismo de los grandes estudios. Lastimosamente para algunos, entre los rascacielos de la industria, logró florecer la semilla de quien hoy reclama el trono.
The Witch (2015)
En su ópera prima, Robert Eggers nos trasladó a la Nueva Inglaterra del siglo XVII. Un lugar frío y áspero. Donde una familia fiel a sus creencias es apartada de la civilización. Su destino será una tierra muerta, cercana a un bosque donde habita el Mal. Aquí encontramos uno de los principales aciertos de la película: la representación de un Mal sin forma aparente, que nace de la superstición de nuestros protagonistas. En su inicio se culpa al lobo, más adelante a la bruja, posteriormente al carnero… Pero el terror nace de la visión de los personajes, de cómo la desgracia se cierne sobre ellos; de ese porqué y su ausencia de respuesta, nace el miedo.
El patriarca se muestra decidido y firme en sus ideas, pero el fracaso en sus decisiones lo hace sucumbir al juicio de la moral. La madre vive una depresión por la pérdida de un hijo recién nacido y culpa a una copa de plata de su mal fario. Tomasine vive su agonía siendo presa de las exigencias que se le imponen. Sus hermanos menores, mucho más infantiles, temen a la bruja y a las bestias.
Para cada personaje, el horror toma una forma distinta. Miedos atemporales: la falta de razón en nuestra realidad, la pobreza del necio, el día a día del esclavo o la imaginación del individuo.
Miedos atemporales:
La falta de razón en nuestra realidad, la pobreza del necio, el día a día del esclavo o la imaginación del individuo.
Eggers no cuenta una historia de miedo. Adapta el miedo.

De esa atmósfera, nace la potencia de sus imágenes. Una cámara estática que brinda a sus actores una libertad interpretativa rozando lo teatral. Su encuadre ata a los protagonistas al peso de sus circunstancias, ahogándolos lentamente, y se queda ahí observando. Como si nosotros fuéramos el mismo Mal jactándose de sus ruegos desesperados.
El espectador digiere la historia como si de un sueño febril se tratase. Sin saber diferenciar con exactitud la realidad de la sugestión. Observando… sin poder interferir de ningún modo. Es profundamente injusto, como una pesadilla de la que no podemos despertar. De esta manera, Robert Eggers nos hace partícipes de una historia ajena a nuestro tiempo y nos permite sentirla. Somos parte de sus juicios morales, de la ausencia, de la desesperación… y, sobre todo, de su terror.
No es de extrañar que su final se nos revele previsible. Tal vez, demasiado para esta historia. ¿A qué se debe esa sensación? Sencillamente, ese pensamiento reside en el Mal, y el buen hacer del director. Durante los 100 minutos de esta historia, hemos conocido un Mal sin rostro, pero con muchas formas. Asumir la simpleza de su verdad nos resulta complicado. Todo parecía mucho más complejo, pero acaba siendo obvio y directo.
¿Por qué? ¿Acaso hay un porqué para la existencia del Mal? Tal vez solo seamos pecadores pecando… unos reconociendo y aceptando ese mal interior y otros renegando de él.
The Lighthouse (2019)
Su segundo largometraje optó por un camino distinto. Desde su comienzo, podemos contemplar un cambio en su puesta en escena, aplicando un formato 4:3 en blanco y negro. Esta elección no es casualidad, pues el objetivo de Eggers en esta película será encerrarnos en una isla y jugar con nuestra imaginación. Tal y como hacía ese cine alemán de comienzos del siglo XX, empleando esta fórmula, introducirá al espectador de hoy en esa época pasada. Así, su atmósfera se encuentra nuevamente eclipsando nuestra presencia, atrapándonos en la pantalla.
El pasado rural del cineasta nos vuelve a sumergir en las tierras de Nueva Inglaterra, esta vez en el siglo XIX. Su único escenario será una isla a millas de la costa, donde dos personajes deberán velar por la luz de un faro que se erige sobre los peñascos. Una historia sobre el hombre y la caída en la locura que lo llevó a acabar con Dios, condenándolo por la eternidad.
La historia nos muestra el día a día de los dos fareros, el viejo y el joven. Dos trabajadores al servicio de una voluntad mayor. Mientras el viejo pasa sus días dedicando su tiempo a la veneración de esa luz contemplada como deidad, el joven sufre en sus carnes los ásperos y desagradables trabajos que esta le requiere. Como en toda secta, el profeta se entrega a la oración y los placeres derivados, y la base de la pirámide carga con el peso de su pertenencia.

Lo que Eggers plantea y siembra en este filme es lo siguiente: Si nos debemos a una misma causa, ¿por qué no compartimos la misma condición? Pues mientras exista un poder, siempre habrá alguien alzándose por encima de los demás.
Esta semilla del mal, la del predicador que disfruta de su poder y la del siervo que envidia a su señor, atraerá una serie de delirios lovecraftianos a un mundo sucio y roto con olor a mar. Un mundo arcaico y duro, cuyo único sentido es la calidez de ese faro.
De ahí nace una imagen anticuada y fría, una cámara paralizada que encuentra movimiento únicamente a través de poleas, y que es cegada por cada destello de un haz luminoso.
Poniéndonos en la piel de un joven frustrado, somos seres caídos en desgracia, abrazando la soberbia. Traidores a nuestros padres, liderando una turba para acabar con ellos. Hombres matando a dioses. Somos ladrones de un fuego que no podemos controlar. En ese pecado emerge el Mal y con él nuestro terror.
El Mal surca los mares de la envidia, el engaño y la obsesión. Unos mares agitados por el ego y los secretos de Proteo. Tras un mes de heridas acentuadas por el salitre, vemos surgir el único terror de la película: convertirnos en aquello que odiamos.
¿Por qué un viejo y un joven? ¿Quién es el uno sin el otro?
Después de todo, el mayor error de un necio es no reconocerse en el espejo.
Nosferatu (2024)
Su última obra, el remake del clásico de Murnau, nos lleva a la máxima expresión de su cine. Adopta ese expresionismo alemán ya presente en su filmografía para dar rienda suelta a esta «adaptación», mucho más cruda y demoníaca, de la novela de Bram Stoker. Robert Eggers se libera en la búsqueda de su trono, uno que luce en la distancia como un sillón anticuado, próximo al cálido fuego, en la mansión de algún conde transilvano.
En la Alemania del siglo XIX, nos encontramos a dos amantes que ansían un futuro mejor. Una maldita hace tiempo y otro que pronto correrá su misma suerte. Pese a la insistencia de Ella para evitar su viaje, Él decide partir en busca del éxito guiado por una falsa promesa. En su camino conocerá el horror y el salvajismo de esa nueva tierra. Sin cesar en su objetivo, llega hasta su prometido éxito y se entrega a él, prácticamente renunciando a su victoria, con el único deseo de volver junto a su amada. Para su desgracia, ese ser que le traería la dicha termina convirtiéndose en una epidemia que amenaza con destruir aquello que más le importa: su amor. Ese es el principal foco de terror en la película para Él: el miedo a perder aquello que más amamos.

Para Ella, presa de sus deseos pasados, la vida no es más que una pesadilla que no cesa. Solo cuando Él está ahí, esas visiones se difuminan.
Conociendo su condena, decide entregarse a ese Ser para acabar con la desgracia de sus plagas y proteger a su amado. Contrario a lo que cualquiera pensaría, encuentra paz en esa toma como sacrificio, puede que incluso felicidad, deseo y todo aquello que ansió bajo la promesa de su maldición. Ella teme a la soledad, pero ya nunca más volverá a estar sola.
Esta visión del terror nos habla de la soledad, el sentido de pertenencia y el miedo a la pérdida. Pero no es su única lectura, pues nuestro Ser también siente. Este es egoísta y autoritario. Vive entregado a la promesa de una mujer que aceptó someterse a su voluntad, sembrando la muerte a su paso. Castiga al mundo por su condición inmortal y su negación a contemplar la luz del sol como cualquier otro mortal que simplemente vive, ama y muere. Su terror es el rechazo en una agonía eterna, sin experimentar aquello que cree sentir como amor. La pérdida del control que guían sus instintos.
Nos enamoramos con cada fotograma del mismo modo que nos aterrorizamos. Porque en el cine de Robert Eggers los amantes han de amarse, pero no hay una manera correcta de hacerlo… y eso resulta terrorífico a la par que bello.
Epílogo
Después de este viaje por el mundo interior del Príncipe Baldío, solo nos queda valorar si este es digno de la siniestra corona que porta.
Su universo lleno de simbolismos, la carga filosófica de sus historias y ese uso tan particular de la cámara lo convierten en uno de los mejores cineastas de nuestro tiempo.
Espero que, con este análisis del terror dentro de sus filmes, podamos entender su auténtico valor dentro del género en nuestro presente. En la navidad de 2026 llegará su próxima película a cines, Werwulf. Esta vez adaptando al hombre lobo, en la Inglaterra del siglo XIII.
Próximamente analizaremos a Ari Aster, El Mesías del Terror

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